La secuencia Arqueológica de la Cueva de Nerja

Las intervenciones arqueológicas en Nerja fueron durante más de cincuenta años forzadas en inicio por la necesidad de una rápida apertura al público de la cueva, y sistemáticas pero intermitentes hasta la primera década de este siglo. Las intervenciones arqueológicas se han articulado en dos líneas, la excavación arqueológica propiamente dicha la y documentación del arte rupestre prehistórico.
La presencia humana en la Cueva de Nerja está atestiguada desde hace algo más de 40000 años (dataciones de material de superficie inalterado). Esto supone que es una de las cuevas europeas con una frecuentación más extendida en el tiempo. Del mismo modo y, toda vez que se ha constatado actividad humana prehistórica tanto en las galerías abiertas al turismo, como en las galerías Altas y Nuevas, constituye también una de las cavidades en las que los seres humanos progresaron a mayor distancia desde la boca y siguiendo recorridos de intensa complejidad física.
Pese a disponer de fechas más antiguas que apuntan hacia una ocupación anterior de la cueva, sólo tenemos certeza estratigráfica de un establecimiento humano correspondiente al Paleolítico Superior que arranca en el Gravetiense, con alternancia de hábitat ocasional y cubil de hienas de las cavernas (25000 años antes del presente). Posteriormente se registra una ocupación del momento Solutrense, más intensa, encuadrada entere el 20000 y el 16500 BP, también estacional y concentrada durante el otoño y los meses invernales. A las poblaciones solutrenses les corresponden las manifestaciones artísticas más antiguas realmente constatadas en la cueva, con manifestaciones figurativas y una amplia serie de elementos de símbolos y representaciones abstractas que responden a un sistema de lenguaje codificado cuya comprensión aún no alcanzamos.
Gravetienses y solutrenses son grupos sujetos a un modelo de economía dominado por la depredación del medio, son cazadores y recolectores con una dieta basada en la caza de pequeñas especies, el conejo, o los grandes herbívoros de la región, esencialmente ciervos y cabras monteses, complementada con la recogida de frutos vegetales silvestres (con gran incidencia en el consumo de piñones).
Los últimos datos conocidos sobre las fases inferior y media del Magdaleniense, sobre el 15000-14000 antes del presente, parecen demostrar que no se ocupa la cueva, o bien los paquetes estratigráficos de esas fechas están desmantelados por la erosión o acción antrópica posterior.
En momentos más avanzados del Magdaleniense comienzan a observarse notables cambios en las formas de vida y en la manera en que estas poblaciones se relacionan, tanto con la cueva como con el medio ambiente. En estos momentos, en torno al 12000 antes del presente, la ocupación registra un “semisedentarismo”, de modo que la cueva sirve de habitación a lo largo de todo el año, quizás con menor ocupación durante el verano. Siguen siendo grupos depredadores del medio que en este caso se vuelcan hacia la caza, pesca y recolección el medio marino y litoral. Alternan periodos fríos y cálidos bien atestiguados por los hallazgos de fauna (incluso se han documentado momentos con presencia de pingüinos). Sin desdeñar el consumo de especies terrestres (cabras, cérvidos y conejos), el consumo de especies marinas parece que fue la base del sustento de esta población, cazando focas monje y delfines. El incremento de las capturas de peces (doradas, pargos, meros y especies de alta mar), podría indicar el desarrollo de ciertas destrezas en el arte de la navegación, lo que desde un punto de vista físico se materializa en el desarrollo de unas industrias líticas y de hueso específicas.
Al final del momento glacial, con un clima frío, bien documentado por especies marinas propias de los mares boreales, sucede un periodo de incremento de la temperatura que se tradujo en un aumento del nivel del mar que propició la desaparición de las playas arenosas y la formación de un relieve costero más parecido al que observamos hoy día, con importantes acantilados. Asistimos al inicio del Holoceno, hace 10500 años. Durante el Epipaleolítico, no hay grandes modificaciones subsistenciales, continúa el predominio de la pesca, la caza de focas monje y la captura esporádica o, al menos el carroñeo de algunas especies de cetáceos. Entre los ajuares materiales, algunas microhojas de sílex, cuyo uso ya se había iniciado en el Magdaleniense. Las modificaciones físicas de la costa se traducen en un elevado consumo de marisco de roca, mejillón casi de forma básica. En este periodo se inscribe el hallazgo de “Pepita”, uno de los enterramientos mesolíticos mejor conservados y estudiados de la Península Ibérica.
Estas salas se ocuparán posteriormente durante todo el Neolítico (entre el VII y V milenios BP aprox.). Asistimos ahora a un cambio radical en la economía de subsistencia de las poblaciones de Nerja. Es en esta fase cuando la depredación de los recursos del entorno no es la única fuente que sostiene a estos grupos; ahora asistimos al desarrollo de la agricultura y la ganadería. Estos avances en los modos de producción facilitarán la estabilidad de la población, un incremento demográfico notable que supone la gestación de establecimientos humanos más estables que desembocan en la sedentarización y en la formación de asentamientos al aire libre, ya descubiertos en el entorno la cueva.
A lo largo del Calcolítico (V al II milenos BP aprox.) se producen modificaciones tecnológicas y avances que afianzan la economía de producción y modifican progresivamente las estructuras sociales de los grupos humanos, germen de los posteriores procesos de estratificación social.
Junto a los hogares que atestiguan un uso doméstico/ganadero, también se descubrieron enterramientos, incluyendo un enterramiento doble que fue excavado en la sala de la Mina. Las pinturas esquemáticas, las cazoletas labradas en algunos espeleotemas columnares están en relación con este uso funerario de la caverna.
Los rituales funerarios van evolucionando, de manera que, aunque los enterramientos primarios son frecuentes, desde finales del neolítico y a lo largo de toda la Edad del Cobre asistimos a un incremento en el tratamiento post mortem de los restos esqueléticos.
La secuencia arqueológica de la cueva y, quizás el sellado completo natural de sus bocas accesible, se produjo en algún momento de la Edad del Bronce, quizás en su etapa plena a juzgar por los indicios y los asentamientos en superficie del entorno de Nerja.
Los nuevos programas de excavación que se encuentran en marcha, seguramente podrán completar la secuencia estratigráfica, más amplia en realidad de lo que hasta ahora conocemos a juzgar por las dataciones absolutas obtenidas en numerosos puntos del cavernamiento.

Galería

El arte prehistórico de la Cueva de Nerja

El cavernamiento de la Cueva de Nerja alcanza un desarrollo topográfico de las salas y galerías conocidas en la actualidad de 4823 metros, subdividido en dos sectores bien diferenciados, por un lado, la zona habilitada para la visita turística (Galerías Bajas) y por otro las denominadas Galerías Altas, correspondiendo la primera sólo a un tercio del total de la cavidad. Los artistas prehistóricos utilizaron con más profusión la parte inicial de la gruta, las salas conocidas como Belén, Cascada, Fantasma, Cataclismo y el llamado Camarín de los Órganos; no obstante, en las Galerías Altas contamos con una importante ocupación en las estancias Columnas de Hércules y Laberinto (Sala de la Cocina, Divertículo de los Delfines y Paso del Caballo).

Las galerías que hoy pueden ser visitadas fueron descubiertas en 1959 y de inmediato se puso de relieve el interés de la Cueva en lo que respecta al Arte Rupestre Prehistórico. La catalogación más actualizada corresponde a comienzos de la década de los ’80 y fue publicada por el Patronato de la Cueva de Nerja.

Entre todo el conjunto figurativo rupestre deberemos distinguir entre las manifestaciones pertenecientes al Pleistoceno (Paleolítico Superior) y las confeccionadas por las sociedades prehistóricas del inicio del Holoceno (Neolítico y Calcolítico).

Las obras pleistocenas coinciden con varias fases industriales del Paleolítico Superior: una extensa composición de edad Solutrense (en la que aún cabe seccionar dos grupos, uno arcaico y otro más reciente) y un conjunto del principio del Magdaleniense. La primera abarcaría una cronología entre el 20000 antes del presente y el 16000, en cambio la segunda podría estar localizada alrededor del 15000 BP.

Las aportaciones de las sociedades y comunidades holocenas (Neolítico y Calcolítico, entre el VI y III milenios antes de nuestra era aproximadamente) poseen una acusada diversidad tecno-estilística que agrupamos en los siguientes horizontes plásticos:

  • Panel de Pintura Esquemática Típica
  • Grabados esquemáticos.
  • Complejo de “cazoletas”

El “santuario” solutrense de Nerja contiene un amplio registro distribuido en las categorías esenciales que configuran el Arte Paleolítico, es decir, animales y signos. Sin embargo, a nivel cuantitativo, las mayores cifras son alcanzadas por los signos con un índice igual al 93’6% frente al escueto 6’4% de los animales. El colectivo faunístico proporciona un escaso número de especies donde intervienen équidos, cérvidos (machos y hembras), cápridos y un lote de cuadrúpedos indeterminados. Los signos comprenden diseños rectilíneos (haces paralelos y trazos pareados), curvilíneos (arcos concéntricos y ondulaciones simples), cruciformes, puntuaciones (pares de puntos e hileras), cuadrangulares, circulares y un acusado fenómeno consistente en la aplicación directa de trazos y manchas informes sobre espeleotemas. Todo el repertorio figurativo comulga de manera clara con el ambiente estilístico desarrollado durante el Paleolítico en el Mediterráneo, en sintonía con otras estaciones parietales andaluzas (p.e. Cueva de La Pileta, Cueva de Doña Trinidad y Cueva Navarro), participando al mismo tiempo de las pautas artísticas dictadas por las plaquetas solutrenses de la Cueva de El Parpalló (Valencia).

Por otra parte, para la adjudicación crono-cultural de algunos ejemplares de esta cueva contamos con una datación numérica obtenida a través del AMS (C14 acelerado), la cual ofreció la cifra de 19900 ± 210 B.P., que la sitúan de forma clara en el Solutrense Pleno.

La construcción de este “santuario” solutrense se efectuó de modo lineal a lo largo de unos 400 m de galería, sobre todo en las Galerías Bajas, con una sectorización de las distintas unidades topográficas las cuales evidencian una especialización temática. Así, hallamos seis lugares primordiales o “paneles centrales” regidos por un animal dominante, asumido en este caso por la figura de la cierva y que incorpora dos variantes:

a) Cierva asociada a caballo más otras especies

b) Cierva con signos

Algunas áreas despliegan estructuras topo-iconográficas análogas a otras ensayadas en yacimientos de cronología y contenido afines, como serían cierta articulación de las Galerías Nuevas de Doña Trinidad (Málaga) o de la Cueva de Malalmuerzo (Granada); pero las mejores confluencias las ofrecen el Divertículo nerjeño de Los Órganos y la malagueña Cueva Navarro, expresando ambas a través de los numerosos signos un mensaje gráfico codificado bajo fórmulas comunes y recurrentes.

En la actualidad, y pese a que aún no ha concluido la prospección integral de la caverna con los nuevos sistemas de iluminación y la moderna tecnología de tratamiento de imágenes, son ya casi una cincuentena de manifestaciones pictóricas de animales, centenas de signos y varios miles de evidencias de pigmentación asociadas a espeleotemas y las zonas de tránsito utilizadas durante la Prehistoria.

Inventario de Arte Paleolítico

Por otra parte, en relación con las expresiones de pinturas rupestres, en los últimos tiempos se ha detectado un fenómeno nuevo vinculado con las manchas y marcas de color rojo que no definen signos estandarizados ni formas conocidas. Se cuentan por centenares y consisten en manchas de diferentes tamaños (desde milimétricas hasta centimétricas) que obedecen a diversas actividades desarrolladas en el interior de la cueva por las sociedades paleolíticas; por ejemplo, marcas de apoyo de la mano y distintas partes del cuerpo cubiertas de colorante rojizo.

Del mismo modo, durante las etapas iniciales del Magdaleniense (hace aprox. 15000 años) los grupos paleolíticos “marcaron”, más que nada las Galerías Altas, con trazos sueltos, evidencias rectilíneas y rectas entrecruzadas de color negro realizadas con la aplicación directa de un carboncillo de carbón de madera sobre las paredes y espeleotemas.

Por último, también de época paleolítica y de cronología por el momento indeterminada (estudios en curso), tenemos una composición monotemática que se limita a una corta producción, aunque muy homogénea y llena de simbolismo, originalidad temática y adecuación al soporte. Está localizada en las Galerías Altas, en un cubículo de unos 2 m2, conserva seis figuras ictiomorfas distribuidas entre tres paneles que van aumentando la cantidad de elementos y complejidad de los modelos a medida que nos adentramos en el camarín. La composición ostenta una secuencia figurativa equilibrada reflejo de una unidad temporal, técnica y de autoría, repitiendo en un estrecho espacio unos prototipos muy estereotipados que quizás podrían identificarse como pinnípedos, y que habría que poner en relación con la captación de los recursos marinos llevada a cabo por los grupos de cazadores-recolectores que habitaron en la porción más exterior de la Cueva de Nerja.

Junto a este conjunto de representaciones rupestres habría que sumar el repertorio de arte mueble, ejecutado sobre soportes pétreos y óseos, procedentes de las salas de la Torca, Mina y Vestíbulo; los primeros son placas pétreas de pequeñas dimensiones sobre las que se muestran trazos estriados y continuos o manchas informe de color rojo; los segundos son predominantemente incisiones de carácter tecnológico, aunque existen también algunos elementos geométricos.

De momentos Solutrenses y procedente de la Sala del Vestíbulo, existen varios fragmentos de plaquetas pétreas algunas manchadas de color rojo informe y otra grabada con trazo estriado y continuo.

En el Magdaleniense disponemos de ejemplares sobre soporte óseo y pétreo, destacando de entre ellas la representación de un posible ánade.

En cuanto a las manifestaciones rupestres adscritas a episodios de la Prehistoria Reciente, contemplamos un friso de Pintura Esquemática Típica realizado en rojo y que representa dos clásicos esquemas antropomorfos, situados en la Sala de la Torca muy próximos a una de las entradas primitivas de la cavidad. A continuación, en las salas del Cataclismo y Cocina, se han inventariado un par de grupos grabados que perfilan la esquematización de “ídolos” bitriangulares muy parecidos a los confeccionados en soportes mobiliares durante el Calcolítico, uno de ellos con los caracteres sexuales femeninos bien marcados. Por último, el apartado de “cazoletas” incluye un bloque de elementos muy singulares esparcidos por varios sitios de la cueva, si bien nunca sobrepasan los inicios de la Sala del Cataclismo; suelen ser erosiones circulares que horadan por medio de la técnica de piqueteado columnas o gruesas formaciones de calcita; su cronología prehistórica queda determinada por un ejemplar cubierto por sedimentos del Calcolítico tardío.

Al margen del fenómeno de plasmación del arte rupestre en los diferentes soportes pétreos de Cueva de Nerja, los espacios interiores de la cavidad han sido frecuentados y utilizados durante buena parte de la Prehistoria con fines distintos: visitas, exploraciones, “rituales”, inhumaciones, etc. A través de la datación directa de los restos carbonosos procedentes de los sistemas de iluminación dejados por las diferentes sociedades prehistóricas, sabemos que las primeras incursiones a las salas profundas de Cueva de Nerja se remontan a hace más de 40000 años. Después, se constata la frecuentación interior con los primeros hombres anatómicamente modernos del Paleolítico Superior en torno a 29000 años atrás (industria Auriñaciense). Los portadores de la industria Gravetiense (aprox. 24000 años) recorrieron prácticamente todos los rincones de las Galerías Turísticas. En cambio, las gentes de la industria del Solutrense Medio (aprox. 20000 años) a la vez de confeccionar arte rupestre deambularon por las Galerías Bajas y buena parte de las Altas; incluso conocemos el camino utilizado a partir de los restos de carbón de las antorchas. Así mismo, también se constatan otras “visitas” en fechas alrededor de hace 13000-12000 años, adscritos a los últimos cazadores-recolectores/pescadores del Pleistoceno (industria Magdaleniense). Por último, durante la Prehistoria Reciente, las frecuentaciones interiores de Cueva de Nerja sobretodo tuvieron un sentido singular, con inhumaciones de cadáveres en determinados rincones de las Galerías Bajas

Galería