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El Museo de Nerja, dependiente de la Fundación Cueva de Nerja, inaugura este jueves, 14 de septiembre, a las 20:00 horas, una de sus exposiciones más emblemáticas, con la que pretende rendir un sincero homenaje a quien fuera uno de los primeros residentes extranjeros del municipio en los años 50, además de un gran artista y todo un héroe de guerra: Maurice Zalcman.

La muestra ‘Nerja se recuerda’, que incluye 35 obras pictóricas realizadas por Zalcman entre 1945 y 1970 en diversas técnicas y que podrá ser visitada hasta el próximo 5 de noviembre, presenta una imagen del municipio axárquico en su esencia, recreándolo desde una perspectiva en la que el turismo aún no constituía un factor determinante para su desarrollo, tal y como ocurriría unas décadas después.

La iniciativa, que nace de la colaboración del Museo nerjeño y la familia Zalcman, pretende reflejar la Nerja de postguerra, en la que la gente vivía con pocos recursos y apenas había coches, y que, no obstante, conquistó a este francés de origen polaco para que, a finales de los años 50, permaneciera en ella por largas temporadas, primero hospedándose en una pequeña habitación sobre el bar Alhambra, en el paseo del Balcón de Europa, y luego residiendo junto a su esposa e hijos en una finca cercana.

 

Diplomado en Bellas Artes en París

Maurice Zalcman (nacido en Polonia en 1923 pero de nacionalidad francesa) creció en Bruselas, donde de adolescente le sorprende la Segunda Guerra Mundial y, después de estar encarcelado en un campo de trabajo nazi en Francia, logra escaparse de un tren con destino a un campo de concentración del Este para cruzar clandestinamente Bélgica y Francia. Su objetivo: alcanzar Marruecos y enrolarse para luchar contra los nazis.

Durante su periplo por España es detenido y, tras pasar tres meses en una prisión de Jaca, embarca en julio de 1943 hacia Casablanca desde el puerto de Málaga para unirse al ejército aliado, participando en el desembarco de Normandía, en la liberación de París y de otras ciudades hasta Berchtesgaden en Alemania, donde reside hasta que termina la guerra.

Pero el joven nunca olvidaría Málaga y aquella tierra donde evocaba aspiraciones de libertad, por lo que decide regresar a Andalucía con su familia y, en el invierno de 1957, llega a Nerja en un pequeño Citroën 2cv, momento en el que comienza su historia de amor con este rincón de la Axarquía.

De este modo, el por entonces recién diplomado en la Escuela de Bellas Artes de París, donde conoció a Picasso, empezó a pintar cuadros y a realizar numerosos dibujos y pinturas del pueblo y sus alrededores, de su litoral, sus playas y su paisaje, recreándolos a lo largo de su vida hasta su fallecimiento, en el año 1996.

Desde el espacio cultural destacan “el carácter evocador de la obra de Zalcman, que refleja aquellos tiempos que cimentaron lo que ahora es Nerja en una muestra que pretende recordar a un hombre que, buscando la libertad, descubrió una tierra que le hizo libre”.

Asimismo, la familia Zalcman ha trasladado su “más sincera gratitud al Museo nerjeño por abrir sus puertas a esta iniciativa”, al tiempo que han hecho extensivo este agradecimiento al municipio y sus gentes “por su hospitalidad y por las profundas amistades aquí cimentadas hasta el día de hoy”.