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Conservar una cueva con un inmenso Patrimonio Cultural y Natural que, al cabo del año, es visitada por más de 400.000 personas no es una tarea fácil y requiere de un importante esfuerzo material y humano. La Fundación Cueva de Nerja ha decidido apostar por una gestión basada en la investigación científica y en la divulgación de sus resultados, con el objetivo de compatibilizar la visita turística y la correcta conservación de su excepcional tesoro patrimonial, que alberga la historia de la Tierra y de nuestros antepasados. Así, el disfrute de la Cueva de Nerja por nuestra sociedad resulta un privilegio, y conservarla para generaciones futuras una tarea de obligado cumplimiento que debemos desarrollar entre todos.

¿Qué se hace para conservar la Cueva de Nerja? Es la pregunta que a menudo nos plantean aquellas personas interesadas en conocer los trabajos desarrollados por el Instituto de Investigación Cueva de Nerja. No la consideramos una cuestión baladí y somos conscientes de que su respuesta, plagada de biofilms, parámetros ambientales o niveles estratigráficos puede resultar tediosa e incluso incomprensible para personas no relacionadas con el mundo de la investigación científica. Para evitar esta situación y lograr una explicación adecuada, planteamos la comparación entre el empleo de la Cueva de Nerja como recurso turístico y una actividad habitual en la vida cotidiana de numerosas personas, el deporte. El cuerpo de un deportista de élite se somete a un sobresfuerzo en cada una de las competiciones en las que participa. Sin control sobre este daño recibido, su cuerpo terminaría cediendo, probablemente, de forma irreversible. Por ello, es lógico que tanto el esfuerzo como su posterior recuperación precisen de un equipo médico que garantice la salud del deportista y lo prepare para futuros eventos. Así, nuestro deportista de élite es la Cueva de Nerja, un ente “vivo”, no un sitio inerte, sometido diariamente a un impacto humano que precisa ser controlado por el Instituto de Investigación, que garantice su recuperación y, por tanto, su adecuada conservación.